June 26th, 2008
La prueba
Así que al final, vengo a descubrir que el amor sí existe. Está aquí, en ti y en mí y en eso que siento.
Está en los dos.
Y en saber que tú y yo sentimos lo mismo.
Así que al final, vengo a descubrir que el amor sí existe. Está aquí, en ti y en mí y en eso que siento.
Está en los dos.
Y en saber que tú y yo sentimos lo mismo.
Es hora de dormir.
No has debido dejarme así, y ahora quiero aprender a correr sin siquiera saber caminar.
Es hora de escuchar la verdad,
de intentar cambiar.
Cuanto más tarde, más difícil será luego salir.
Ya no hay razones para seguir aquí,
es hora de partir.
De desaparecer.
No hay nada que hacer.
Te dejo mi dinero, todo el que te di.
Te dejo el iPod, los patines, el teléfono.
Te dejo las tarjetas, la ropa, las cosas.
Y para que veas que no hay rencor, hasta me voy a permitir un lujo,
te regalo el tiempo que te di.
De esta manera no me debes nada.
A cambio, te pido sólo algo, permíteme que te llame
maldita rata.
Conocí a Santiago cuando tenía 11 años. Él era totalmente opuesto a mí.
Mientras yo era el ejemplo perfecto de lo que no debe hacerse, él era señalado como alguien de quien deberíamos aprender.
Es difícil aprender de alguien a los 11 años, decía yo. Y estaba equivocado.
Hoy Santiago ha muerto, triste para el mundo.
Pero lo que me acabo de dar cuenta, triste para mí, es que desde ese día no hubo uno solo que no aprendiera de él.
Una cosa es la sinceridad y otra el masoquismo.
Ja! Si hubiera leído esto antes…
You’re so nice and you’re so smart.
You’re such a good friend I’m gonna break your heart.
Hacerlo me costó mucho trabajo, pero no podía vivir sin decirtelo. Te amo.
Me dijiste que agradecías la sinceridad, pero que este no era el momento para iniciar algo conmigo. Quizá después. Quizá nunca.
Pero estoy seguro que sientes algo también, porque cuando escuchaste lo que tenía que decir, detecté cierto brillo en los ojos. Y eso que no había mucha luz en el lugar, sólo la de nosotros.
Te amo y seré paciente. Te amo y te amaré.
Las despedidas usualmente son de dos o más. Pero no siempre. Casi siempre quizá debiera decir entonces.
Hoy aunque me duela, aun con el dolor que esto me causa, tengo que decirte adiós.
Me haces tanto bien. Pero me haces también tanto mal.
Eres la causa de mis momentos más felices, pero también la causa de mis males. De mis angustias y tristezas. Eres la razón de un sufrimiento que mata. Todos los días me elevas y me dejas caer.
Me dejas caer.
Y tú, tú no lo notas, porque mi sufrimiento es en silencio.
Porque no me ves cuando me haces caer.
Porque no caes conmigo.
Pero no más, no más. A partir de hoy no más.
Aunque me duela no volveré a hablar de ti. No daré explicaciones.
Hasta nunca y para siempre.
Te escribo esta carta, que a lo mejor nunca lees, para decirte muchas de las cosas que siento por tu culpa.
Primero que nada sí, debes saber que me haces sentir cosas, algunas que jamás había sentido. La primera de ellas es el maldito amor más profundo. Me cuesta reconocer que me he enamorado de ti, primero porque yo no creí ser capaz de sentir algo así, y ni siquiera creo que sea malo o bueno, es sólo que nunca me había pasado y como todo lo que pasa por primera vez, me da miedo.
Desde el día que te vi por primera vez comencé a enamorarme poco a poco de ti. Me enamoré de tu cara, de tus manos, de tu forma de ser. De tu sonrisa, de tus historias, de tu pasado, de tu presente, del misterio que envolvías como parte de ti. No sé como estuvo exactamente, pero ese día comencé a enamorarme de ti, cuando vi que siendo tan diferentes teníamos tantas cosas en común. Y más que asustarme me gustó. Y así hemos seguido desde entonces. O más. Un largo tiempo en que hemos compartido de todo, y a veces me pregunto si tú sientes algo parecido o sólo soy yo el que da todo y para ti soy sólo un amigo más, como muchos, o incluso menos especial que muchos. Yo no sé si tú alcances a entender que lo que hago lo hago porque te amo. Te dedico todos mis esfuerzos, mi tiempo, mi energía, mi vida. Te dedico todo lo que hago, todo lo que soy y todo lo que tengo, y no estoy seguro, me da miedo, saber que quizá todo eso y más, nunca sea suficiente, si es que como en momentos como hoy creo, no sientes tú lo mismo.
Es momento de llegar a la verdad, no me importa si me vas a matar ahora mismo o sufriré una eternidad para reponerme, necesito tener una respuesta. ¿Qué soy para ti? Carajo, necesito saber y dejar de amarte en silencio y de llorar y de morirme de desesperación. Necesito que me dejes de dejar colgado en el teléfono. Necesito respuestas, y las necesito ahora. Ahora, por primera vez, déjame poner a mí las condiciones.
Tenía tendencias sociopáticas que él se creía capaz de invertir; que no alcanzaba a comprender del todo la diferencia entre mentira y verdad, y había sido hasta tal punto rechazado y marginado que utilizaba las mentiras para convertirse en el centro de atención. El chico apretó los dedos contra los ojos como si estuviera a punto de echarse a llorar, pero se contuvo -por muy poco- y dijo con más calma: -Por si fuera poco, claro, y quizá eso sea lo más difícil de entender para tim yo te quería de verdad. Realmente te quería -enfatizó, como si aquello todavía le sorprendiera a sí mismo-. Y a ella también. Eran lo único que tenía, eran lo único que conocía.