Archive for the 'Consecuencias' Category

El hermano mayor (escrito en mayo 2006)

Tuesday, January 1st, 2008 at about 10:32 pm

Ya se sabe, que por circunstancias inexplicables de la vida, nos toca hacer funciones que jamás imaginamos. Eso me pasa con Dani, y con Piña, con quienes me toca hacer el falso papel de hermano mayor. Falso porque no soy, aunque entiendo que la figura que me ponen ellos es esa misma, y porque he de confesar, yo también la asumo. Con todo lo que esto conlleva.
El tema de hoy es Piña, ese pequeñuelo que me adoptó muy a mi pesar como su hermano mayor, cuando sólo era él amigo de mi primo pequeño. ¿Verdad Diego que nunca hay que decir mentiras? Me pregunta Piña, que tiene 12 años y que, además de (nada) angelical, es mentirosísimo. Grave asunto. La pregunta me la hizo hace más de un mes y todavía no le respondo. Es más, creo que me voy a esperar unos 10 años para tratar el tema con él. No quiero correr el riesgo de decirle que nunca hay que decir mentiras por varias razones. La primera porque la expresión misma me parece una gran mentira. De grado o por fuerza, por buenas o malas razones, por provecho o por placer, los humanos mentimos a todas horas. No bien acabamos de fulminar a algún primo o hermano menor -y supongo que con los hijos debe ser igual- por haber sido sorprendido en flagrante (y fragrante) mentira, cuando suena el teléfono, el pequeño delincuente contesta y nos dice con su voz más odiosa: es Rodrigo, que si ya tienes listo lo que te encargó. ¿Y ya le dijiste que sí estoy? Sí, Diego, nunca hay que decir mentiras, responden en tono vengativo. Dile que estoy con el doctor, que me está sacando sangre porque parece que tengo paludismo. Que me deje un teléfono, cualquiera, y yo me comunico a más tardar en un mes. En ese exacto momento, el pequeño queda listo para un largo tratamiento psicoanalítico -que pagará su padre, eso es lo mejor-. Lo mismo con la típica llamada: ¿ya vienes en camino? Claro, estoy aquí a punto de llegar. En realidad ni siquiera nos hemos subido al auto. O sea que no es posible responder tajantemente que nunca hay que mentir. Cae más pronto un hablador que un Diego (se ha comprobado estadísticamente que yo caigo con más frecuencia que los cojos, así es que hay que actualizar el refrán).
Por todo esto, he decidido esperar 10 años antes de contestarle a Piña su pregunta; porque tampoco es cosa de alimentarle su ya natural inclinación a mentir con la soltura e intrepidez de un líder sindical. En esta década espero que lea muchas novelas (mentiras más verdaderas que la verdad, dice Proust), que lea a Huxley (los humanos sólo soportan la realidad en dosis mínimas), a Oscar Wilde en su bellísimo ensayo La decadencia de la mentira, a Vargas Llosa que ha escrito que en toda mentira lo que hay es una verdad embozada (por ejemplo, que para Rodrigo no me da la gana estar), a Plinio El Joven (los poetas tienen el derecho y la obligación de mentir) y a Jorge Luis Borges que dice (cito de memoria, que no es buena): hay dos maneras de contar mi historia: puedo decir, yo nací en Buenos Aires en 1899 (lo cual es cierto) o bien: éste era un rey que tenía tres hijos (lo cual es todavía más cierto). Leerá también, yo espero pues, a Bertrand Russell, y aprenderá que no hay verdad que no tenga alguna dosis de mentira y de violencia y que no hay mentira que no rescate su poco de verdad y de compasión. Aprenderá también que yo le quiero y que eso no es mentira. Y ya.


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Lecciones (gratis) de vida, Parte 6

Thursday, August 16th, 2007 at about 8:24 pm

El pasado solo sirve para el pasado.

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Lo malo

Thursday, March 15th, 2007 at about 11:26 am

He concluído que lo malo no es pagar.
Lo malo es quedarse sin dinero después de pagar.

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24 meses antes

Tuesday, February 20th, 2007 at about 9:37 pm

Esta es la historia de cuando fui atlista por 3 horas hace 24 meses ya. Para algunos es reciclaje, para mi es recordar. Ja.

Sábado, de hace muchos sábados, de hace muchos meses. Son las siete de la noche y un polifacético Diego hace sus últimos preparativos. Al parecer todo está en punto: el termo, los binoculares, el primo, el libro, la comida, el dinero, las llaves, el teléfono y los boletos. Los dos primos se dirigen al monumental Estadio Jalisco para asistir a un partido más de la temporada de fútbol. Amenaza lluvia y el infante no está del todo convencido de la conveniencia de asistir al partido. Su argumento revela un pesimismo inaceptable a su corta edad: “yo no sé para que vamos. El Atlas siempre pierde”. Esto es una exageración. Su equipo, no siempre ha perdido. En el camino voy tratando de explicárselo al infante. Cuando le cuento que dice mi abuelo que alguna vez fueron campeones, suelta una risita de incredulidad y retoma su libro de Harry Potter convencido de que ahí suceden cosas más reales.
Desde el improvisado estacionamiento del estadio se alcanzan a ver las luces encendidas que salen de lo alto del edificio. Me pregunto cuando estará listo el estadio nuevo del que sí es mi equipo, Chivas de Guadalajara, que promete tantas cosas y no se ve nada claro, para dejar de venir a este enorme, pero viejo y lejano estadio. Pero este día es del Atlas. Así es.
Previa adquisición de los boletos, el enano y yo hemos ingresado al estadio. Habrá unos quince mil heroicos aficionados con sus camisetas rojinegras, baneras y demás instrumentos de apoyo. El niño vuelve a la carga. No entiende por qué, siendo como soy, aficionado del equipo rival, me empeño en llevarlo a ver a su equipo que tan mal anda. Cuando me dispongo a explicarle, me veo interrumido por un robusto hijo del pueblo que se acerca con una cubeta llena de cervezas y refrescos. “Aquí están las Coronas, patrón”. Mi primo parpadea con cara de excursionista perdido. Yo agradezco la oferta y le cuento que no bebo. Lo dejo afectadísimo. Comienzan a salir los equipos. Lo mejor de mis amígdalas se queda en los primeros gritos. Luego cantamos todos el himno nacional y el hijo del pueblo cae en éxtasis. Yo también. Comienza el partido.
Diez minutos después de iniciadas las acciones, resulta claro para mí que este año el Atlas tampoco volverá a ser campeón. El equipo es peor que el gabinete de Fox. Con eso les digo todo. Mi primo está triste y mordisquea una pizza. Yo veo al piso y de vez en cuando levanto la vista. En una de esas me encuentro un rostro conocido. Nos saludamos y mi amigo hace un extraño diagnóstico acerca de mí: “Diego, eres ajonjolí de todos los moles”. Quedo pensativo. Sí soy, pero no nada más yo, es una cuestión de nacionalidad. Somos una estirpe inquieta, pachanguera y metiche. En todas partes estamos, menos donde debemos estr. No puede haber un avionazo, atentado o motín en alguna parte del planeta sin que los periódicos consignen la presencia de uno o varios mexicanos. Da igual que sea en Madagascar o Helsinski, en New York o en Tailandia. Siempre hay un mexicano, ¿qué hacen ahí? Misterio sin resolver.
El partido termina 3-0 a favor de los visitantes. Mientras salimos cabizbajos, el hijo del pueblo me anuncia: “Ora sí, mi buen, hasta dan ganas de dejar de tomarse una cervecita”. Mi primo termina el trabajo de demolición: “hasta las que le van al otro equipo estaban mejor”. De vuelta a la paz del hogar, mi padre hace un anuncio de prensa: “me voy unos días a Madrid”. Ajonjolí de todos los moles.

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Postergar

Monday, January 29th, 2007 at about 9:47 am

Todo lo que pueda arreglar hoy lo dejaré para mañana. Porque hoy no tengo tiempo ni para lo urgente ni para lo importante.

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Metodo alternativo

Saturday, December 16th, 2006 at about 10:08 pm

Si quieres desayunar en la cama, duerme en la cocina.

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Primero fue Jordi, ahora es…

Wednesday, December 6th, 2006 at about 8:11 am

A mediados de la década de los ’80 muchos se disputaban el terreno de una mina de oro recién descubierta: el pop para niños y adolescentes. A lo largo y ancho de América Latina grupos como Menudo, Los Parchís o Timbiriche arrasaban con los corazones sensibles de los niños y los bolsillos de los padres, produciendo discos y películas a rolete.
Argentina, que no pretendía quedarse fuera del fenómeno, dio a conocer en Festilindo, año 1984, su propia respuesta: un niño cantor con el mismo nombre y apellido que el pintor Picasso, Pablo Ruiz, aunque en realidad su verdadero nombre era Pablo Coronel.
Dos años después de esta aparición fulgurante, el enrulado niño prodigio saltó directamente a la fama de las arenas discográficas. Cantando “Oh mamá, ella me ha besado; oh mamá, estoy enamorado�, Pablito se puso al tope de las ventas. Es cierto, la letra no se caracterizaba por su osadía lingüística ni por convertirse en un profundo alegato sobre las pasiones y desengaños de la infancia, pero debemos recordar que se trataba simplemente de un niño cantando para niños (o niñas, en el mejor de los casos).
Del ’87 al ’97 Pablito Ruiz grabó siete discos, entre los que se cuentan “Pablo Ruiz�, “Un �ngel�, “Océano�, “Espejos azules�. A principios de los ’90, cuando el cantante contaba con unos quince o dieciséis años, decidió irse a un mercado mayor: México, a fin de engrosar su lista de fans y una cuenta bancaria que iba engordando proporcionalmente.
En esa época el dinero entraba a raudales, gracias a la candidez de su rostro y voz combinada con el furor del “children pop� de aquel momento. Para el año ’97, sin embargo, las cosas ya no eran las mismas. Pablito rondaba poco más de veinte años y sufrió un cambio de voz en forma más brusca de lo normal. Su sello discográfico de entonces decidió lavarse las manos. De un momento al otro, Pablito Ruiz ya no tenía carrera y tampoco cuerdas vocales.
El otrora niño prodigio archivó su carrera como cantante y se dedicó a la actuación y comedia musical en estos últimos años. Trabajó en obras como “Anastasia�, “La Cenicienta� o “La Máscara del Zorro�. Sin embargo, al igual que los zapatos de plataforma, los pantalones Oxford o los políticos latinoamericanos todo vuelve en la vida, más aún en esta época de revisionismo retro. Pablito decidió relanzar su carrera vocal con un nuevo disco, bajo el mismo sello que Cristian Castro (eso nadie sabe si es bueno o malo) y grabado en México, Nueva York y Los �ngeles.
Cuando Ruiz, bordeando los treinta años de edad, se disponía a dar la noticia bomba al mundo, un escándalo se le adelantó por escasas horas. Un programa de TV mexicano, mostró unas presuntas fotos en las que el cantante aparecía travestido, junto a varios acompañantes vestidos a tono.
Las imágenes y los titulares recorrieron el mundo: “Pablito Ruiz se hizo travesti�. Al mirar las fotos parecía imposible dudar sobre la identidad del cantante. Sin embargo, tanto el sello como el artista negaron muy presurosos el vínculo. Al parecer se trataba de un travesti muy conocido en el ámbito cultural mexicano, idéntico a Ruiz.
Con la presencia mediática que le dio el escándalo, Pablito fue recibido en Argentina, descubriendo que aún mantiene un grupo nutrido de fans. Allí se vio con Susana Carrizo, una doctora que en camino a los 40 años tiene el valor suficiente para presidir un cub de fans titulado “Pablo Ruiz y sus Pabliamigos�.
El futuro del ex niño mimado parece promisorio. Afirma que su sello apuesta a él como el “artista que va a resurgir�. Dijo a la revista Semanario: “Yo creía que había vivido todo, porque quemé etapas. Pero ahora me doy cuenta que la vida recién empieza�. Cuando escuchemos el nuevo disco podremos confirmar o negar la veracidad de este enunciado.
Según se sabe, Pablo Ruiz radica de manera parcial en la ciudad mexicana de Mazatlán, Sinaloa, sin que esto, hasta el momento, pueda ser comprobado. Por lo que sólo queda decir: Oh mamá, oh oh.


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Tú y sin ti yo no. Tú y sin ti ya no. (O crónica de una celebración tradicional poco ordinaria, Parte 1 de 3)

Wednesday, November 29th, 2006 at about 1:48 pm

A mí me da por cumplir años el 28 de noviembre, y cada año es lo mismo, nunca ha sido diferente. Por lo tanto ayer fue día de celebrar mi cumpleaños. Supongo que es normal que con el tiempo los festejos vayan cambiando, sinónimo inequívoco de que avanzo por el tiempo y por la vida, y de que al fin, he dejado de avanzar en círculos (una manera discreta de no avanzar).
Despierto desde temprano para aprovechar al máximo el tiempo para… trabajar. Pero como no todo es trabajo en la vida, cuando al fin pude llegar a mi casa, me llevé una sorpresa enorme al abrir la puerta y encontrar un pastel (formado por 8 pingüinos, que para los que no los conozcan, son pastelillos de chocolate con relleno cremosito) con muchos cerillos encima, que estaban más próximos a iniciar un incendio en mi casa que un festejo. Sin embargo, mi capacidad pulmonar apagó el fuego de pronto. Cuando se apagaron las llamas y se despejó el humo pude ver a todos los presentes. Miré a los que esperaba encontrar, y me sorprendí con la presencia de más de uno (uno y medio en realidad). Uno a uno me felicitaron: Pablo, Willy, Elvira, Eduardo, Víctor, Piña -la inspiración de Iruki- y el siempre infaltable Daniel, quien está ya más cerca de ser mi hermano que mi primo. Me hicieron varios regalos, aunque saben que no deberían haberlo hecho y que el regalo más importante era que estuvieran ahí. Un vale por un regalo que seguramente nunca cambiaré y un regalo diez veces repetido (el responsable argumentó que fue engañado por el vendedor), en lugar de diez diferentes para crear un todo.
De mi hermano recibí dos regalos, que me guardo para mí, por el momento.
Y yo feliz, la vida me mostraba una vez más su lado bueno, y yo, yo muy feliz. Aún ahora. Más ahora.


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Alcance

Monday, November 27th, 2006 at about 9:24 am

No importa lo pequeños o lejanos que parezcan mis esfuerzos: están marcando la diferencia en la vida de al menos una persona, y para mí esa es la única diferencia que importan.

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Unos minutos después

Wednesday, October 11th, 2006 at about 2:02 pm

Yo tengo la teoría de que el avión que se estrelló en un edificio en NY, fue ahora sí, un accidente.
Ya no me destruyan NY.

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