Los paramédicos me pusieron sedante, argumentando que querían mitigar el dolor. Yo aún hoy, lo sigo dudando.
Después de un tiempo llegamos al hospital, y ahí fuimos recibidos en el área de urgencias. Yo la verdad no sé que pasó ahí, y tampoco tengo mucho interés en saberlo, aunque hay partes que conozco después de escuchar lo que vivió cada quien. Si me preguntaran hoy, hay detalles que preferiría no saber, pero que conozco y no puedo hacer nada para evitarlo. Además, conocer, o no, los detalles de la historia no la cambian en nada.
Esa noche desperté en la cama de un hospital, y vi a mi lado a mi madre. Para cualquier persona supondría un alivio saber que su madre está al lado, y lo fue para mí, pero al mismo tiempo, yo sentía que algo estaba mal, su rostro me lo decía. Me preguntó como estaba, pero que no me esforzara por hablar. Hablar, nunca me ha costado mucho, ni aún en esas circunstancias. Después de analizar que tenía un collarín, un brazo inmovilizado, y múltiples pequeñas heridas y una que otra puntada, me di cuenta que estaba bien. Mareado, golpeado y adolorido, pero bien. Al preguntar por los demás, la mirada de mi madre me quitó la esperanza.
Jamás olvidaré esa frase: chiquito, esto es muy difícil pero tienes que ser muy fuerte, Iván murió.
Lloré. Y lloré mucho. Era una mezcla de tristeza con enojo. Mi madre me abrazó y como pude le correspondí. La necesitaba más que nunca, y ella lloraba también mientras intentaba calmarme sin decir nada. No sé cuanto tiempo pasó así, pero fue mucho. Comencé a preguntar por los demás, y mi madre me decía que estaban en otras camas del hospital, a excepción de Alan, que estaba en terapia intensiva. ¿Terapia intensiva? Nunca había escuchado ese nombre, pero no sonaba bien. Me explicó que tenía una hemorragia intern, y no sé cuantas cosas más. Que estaban luchando los doctores por salvarle la vida, y que no podían dar un pronóstico. Pregunté por Matías y me dijeron que estaba bien, fuera de unas fracturas. Y a los pocos minutos, mientras yo seguía llorando, entró mi padre. Y lloré más. Y así seguí hasta que me quedé dormido.
Al día siguiente, las cosas no mejoraron, e incluso se pusieron peor. Mi madre me anunció que Alan no había resistido, y también había muerto. Dos hermanos en dos días seguidos, el peor de los infiernos para cualquier familia. Supongo que en algún lugar de mi dolor y de mi impresión se me acabaron las lágrimas, porque ya no podía llorar. Cuando el doctor llegó a decirnos que si quería, podía abandonar el hospital, ya que mi salud no presentaba mayor riesgo, pedí ver a los papás de los hermanos y a Matías. Pero no me dejaron.
Nos fuimos a la casa al medio día, sólo para que me dijeran que no podría ir con ellos al funeral, que no podría soportarlo.
Lo que mis padres no consideraban, es que yo no estaba pidiendo permiso para ir. Yo tenía la determinación de ir, con ellos o sin ellos, pero yo iba a ir. Mi argumento dio resultado, y tras intentar arreglarme un poco partimos a las capillas de velación.
La escena no podía ser más triste, dos ataudes uno al lado de otro, de tamaño pequeño, dos padres heridos, más en el corazón que en el cuerpo, y un hermano que había perdido la mitad de su mundo. Cuando sus papás me vieron me abrazaron como si fuera uno más de sus hijos, y es que de cierta manera lo era, así como Alan, Matías e Iván lo eran para mis padres. Todos llorábamos. Cuando me acerqué a la caja de cada uno de ellos, mi llanto fue más intenso que nunca, y no conseguía articular ninguna palabra a pesar de que lo intentaba. Lloré todo ese día. Y toda la tarde, y buena parte de la noche.
A la mañana siguiente fue la ceremonia del entierro. Mis padres me preguntaron si quería ir, con la intención de que les respondiera que no. Pero fui. Durante toda la ceremonia, este día, no lloré. Tampoco podía estar concentrado. En realidad, por primera vez en mucho tiempo tenía la mente en blanco, con la mirada perdida.
Y así, de pronto, en medio del llanto de todos los presentes, bajaron las cajas y comenzaron a echarles tierra. La tierra se lo tragó todo.
Las vidas de los 4 sobrevivientes del accidente, habían cambiado para siempre. ¿Qué seguía?